ENTREVISTA
KEVIN JOHANSEN - MÚSICO
KEVIN JOHANSEN - MÚSICO
Brian Byrnes: Contame sobre el viaje que te trajo a Buenos Aires.

Kevin Johansen: Mi viejo nació en Denver, Colorado. Mi vieja recibió una beca en Buenos Aires para estudiar en Boulder, Colorado, cuando tenía 19 años. Conoció a mi viejo, Ken Johansen, y se enamoraron. La ideología de mi viejo estaba en contra de la guerra de Vietnam y por eso no quiso ir a pelear, por lo cual tuvo que hacer trabajos administrativos para el gobierno durante tres años en Fairbanks, Alaska, donde yo nací en 1964. Viví en Fairbanks hasta los 4 años aproximadamente y después anduvimos dando vueltas por un tiempo: volvimos a Denver por un año, después fuimos a Tempe, Arizona, donde nació mi hermana, que es todo lo opuesto a mí. Después fuimos a San Francisco, el lugar del cual probablemente tengo más recuerdos. Mi vida era parecida al programa “That 70’s Show,” con Cat Stevens y los Jackson 5 como mis primeras adquisiciones de música disco. Después fui a Buenos Aires y descubrí un mundo musical completamente nuevo. Ya había escuchado un poco de tango y de folclore argentino en casa porque mi vieja tenía algunos discos. También vivimos por un tiempo en Montevideo cuando tenía 12 o 13 años, pero principalmente en Buenos Aires desde los 12 hasta los 25. Después viví casi 10 años en Nueva York.

Te mudaste a Buenos Aires en 1976, una época difícil de la historia argentina. ¿Cómo fue eso?

Fue un impacto cultural bastante grande para mi hermana y para mí. Por supuesto mi vieja probablemente habría sido otra desaparecida porque era una intelectual, socialista, escritora y profesora de literatura, con lo cual sí, fue un período bastante delicado. Los peores años fueron los de fines de los setenta y principios de los 80. Después, en 1982, la Guerra de las Islas Malvinas hizo que todo explote y la democracia volvió poco después, como consecuencia de la corrupción y los traspiés de los militares. Fueron años muy oscuros, pero siempre hubo un destello de esperanza de que la democracia iba a volver, y así fue. En esa época estaba terminando la secundaria, escribiendo mis primeras canciones y armando mi primer grupo de música pop, “Instrucción Cívica”. Tuve mis 5 minutos de gloria en Perú con un disco de oro y viajé por toda la Patagonia con un montón de bandas locales. Esa fue la parte que realmente me gustó: empezar a conocer el mundo de la música. Saqué dos discos y al mismo tiempo me enamoré de una bailarina argentina que quería estudiar en Nueva York, entonces nos casamos y hacia allí partimos.

¿Cuál fue el sentimiento que te llevó nuevamente a los Estados Unidos?

Quería volver a Estados Unidos para ver qué tan norteamericano me sentía y qué tan sudamericano era. Yo me había conectado con la Argentina en una forma realmente orgánica. Siempre me dijeron que uno es del lugar donde está tu pasado, y todas las grandes decisiones sobre el amor y la profesión se toman al terminar la escuela secundaria, así que supongo que Buenos Aires realmente me forjó en ese sentido. Pero todavía tenía la curiosidad de un chico que había vivido en Estados Unidos. Probablemente habría vuelto a San Francisco, pero la chica con quien estaba en ese momento quería ir a Nueva York. En aquel entonces me di cuenta de que Buenos Aires era una ciudad portuaria que miraba hacia Europa, y que Nueva York era exactamente lo mismo. Había muchos italianos, judíos y europeos, así que me sentí muy cómodo en Nueva York casi inmediatamente; realmente me hallé en esa ciudad. Había calles con empedrado y al mismo tiempo era una ciudad enorme y, obviamente, culturalmente vivrante. Tuve la suerte de encontrar a Hilly Kristal en la galería de CBGB, quien me escuchó tocar con mi guitarra la primera vez que toqué solo en Nueva York, durante la primera Guerra del Golfo. Me dijo: “este es tu lugar, acá podés grabar música, tocar, y acostumbrarte a cantar en público”. Ese fue el verdadero comienzo de mi carrera musical. En CBGB grabamos cuatro discos independientes; el último fue mi primer álbum oficial, con “Guacamole” y todo eso.

¿Qué influencia tuvo Hilly Kristal (dueño de CBGB) en tu música y en tu carrera?

Lo interesante de CBGB en sí mismo eran las iniciales: Country, BlueGrass (un tipo de música “country”) y Blues. La mente de Kristal era lo suficientemente abierta como para aceptar todo tiopo de música. Los Ramones, los Talking Heads, Blondie... Hasta tuvo a Madonna tocando la batería en una banda de chicas... tenía todas las anécdotas que te puedas imaginar. Así que era un honor muy grande estar con un tipo que, teniendo yo 24 años y tocando canciones en inglés y español, me preguntó “Eh, ¿por qué cantás en dos idiomas?”, a lo que yo le contesté contándole mi historia, y él me dio consejos y me dijo que le gustaba lo que yo componía. Eso fue algo muy especial y alentador. Es curioso, porque yo sentía que eso era suficiente para mí en aquel momento; estaba muy feliz de simplemente tocar ahí. Tuve otros trabajos: trabajé en las Naciones Unidas y fue barman en un hotel; hacía lo que podía para pagar las cuentas, y al mismo tiempo tenía un lugar artístico donde expresar lo que quería expresar, vender discos y tocar en vivo. Realmente disfruté esos años. Él (Kristal) tuvo mucho que ver con el hecho de que yo no tuviera vergüenza de tocar cosas en español si lo sentía así, o en inglés si salía así, y también me alentó a combinar los dos idiomas. Estaba empezando a sentirme cómodo en mi propia piel, aceptando esa parte bicultural que hay en mí. Por eso, aquellos años fueron muy importantes para mí. Cuando finalmente volví a Buenos Aires con ese cuarto disco listo, “The Nada,” (grabado en CBGB), quise remixarlo y hacerlo de nuevo por completo, pero algunos productores, músicos y críticos de trayectoria empezaron a escucharlo y todos dijeron que estaba muy bueno y que no tenía que hacerle ninún retoque. Así que lo edité en 2001 y poco después fue lanzado también en España. Así fue como empezó la bola de nieve con “The Nada.”

¿Cómo clasificarías el estilo de tus composiciones?

Simplemente diría que soy un compositor bilingüe. Es más o menos lo mismo que dice Woody Allen sobre las películas: para hacer una película se necesita una historia, más allá de toda la tecnología y la técnica. Con las canciones pasa más o menos lo mismo: es como un guión de 3 o 4 minutos, es como una mini-película. Creo que hay una nueva clase de público que es lo suficientemente abierto o culto como para apreciar una cumbia, el flamenco, una milonga, un tango, bossa nova y la música “country” o los ritmos folclóricos. Digamos que esa es mi excusa al sumergirme en montones de géneros musicales distintos, todo siempre dentro de ese contexto de una canción de 3 o 4 minutos. Lo que está pasando en el mercado de la música latina en este momento es interesante, porque las bandas que eran alternativas se están convirtiendo en bandas masivas, y eso es lo que también está comenzando a verse con los compositores. Lo que en el pasado podría haberse considerado “demasiado alternativo” o “demasiado bizarro” ahora tiene la oportunidad de demostrar que puede funcionar dentro de una cierta parte de la música masiva.

Describí el proceso de composición de tus canciones.

Habiéndome criado en Alaska y Arizona y principalmente en San Francisco hasta casi los 12 años, me mudé a Buenos Aires a la edad justa para aprender un segundo idioma con facilidad. El hecho de que mi vieja fuera argentina también ayudó mucho, así que me adapté y los dos idiomas simplemente se convirtieron en uno. Para mí, el inglés y el español son un mismo idioma. A veces, cuando me preguntan: “¿en qué idioma soñás?”, yo contesto: “no sé, ni siquiera me detengo a pensar en eso”. Realmente es como una segunda naturaleza. Con respecto al proceso de escribir canciones... soy un compositor muy conceptual. En general empiezo con una idea que puede ser simplemente el título. Me gusta lo que dice Umberto Eco cuando enseña a escribir ensayos. Hace que los alumnos comiencen por el título antes de escribir el ensayo. Siempre pensé que era un ejercicio muy bueno para los compositores también, porque si podés crear un título que pueda sintetizar lo que querés decir en cuatro o cinco palabras, ya tuviste un muy buen comienzo. Eso es lo que más o menos pasó con mi piimer disco y después también con “Sur o No Sur”, que fue muy importante para mí. “City Zen” también tiene que ver con eso. “City Zen” y “Sur o No Sur” son juegos de palabras que pueden ser traducidos de dos formas. Recibí muchos comentarios de norteamericanos o amigos que hablan inglés y un poco de español y que generalmente entienden esos dobles sentidos. Pero sigue siendo complicado.

Tu música parece trascender las fronteras, los idiomas y las culturas. ¿Cómo y por qué?

Existe la posibilidad de que yo haya comprendido la esencia de la cultura norteamericana. Crecí con todo lo que representó a las décadas del 60 y del 70, así que tengo cosas de Johnny Cash, Cat Stevens, los Beatles y música disco. Esa información ya la tengo incorporada, pero al mismo tiempo está esta cosa más tanguera y jazzera que me viene de alguna otra parte y que supe combinar. Así que una buena parte de todo esto está relacionado con la música, y la gente parece entender la música. Realmente pienso que la música es el primer idioma. Creo en la comunicación más allá de un idioma. Aunque las palabras son muy importantes en mis composiciones, el idioma podría ser cualquiera..

Es un trabajo exhaustivo y, al mismo tiempo, lo tenés que tomar con calma, disfrutarlo y no ser unidimensional. Creo que lo que pasó es que hubo una saturación con el fenómeno del “Boom latino” que empezó en 1998 con Ricky Martin y todos ésos. Es lo que yo llamo el estereotipo del “Shake-your-Bon-Bon/Elvis/Latin Lover” Realmente se llegó a clonarlo tanto que la gente se cansó. Lo mismo pasa en el mercado anglosajón: tenés todas estas bandas inglesas que aparecen y una vez que una tiene éxito, aparecen veinte más del mismo estilo. El negocio de la música siempre tiene ese acto reflejo. Lo bueno en el caso de un compositor latinoamericano como yo es que toda esa movida fue muy vertiginosa, así que todos los aritstas alternativos latinoamericanos como Café Tacuba en Méjico, Andrea Echeverri en Colombia y Jorge Drexler en Uruguay, o yo mismo, empezamos a interesar al público porque simplemente teníamos algo más para decir, y también había público para eso. El hecho es que una persona que habla inglés y es norteamericano o inglés y también aprendió un poco de español puede entender algunas cosas respecto de mi música y puede apreciar lo que hago.

Este año fuiste nominado para un Grammy en la categoría de “Mejor álbum latino de música pop”. ¿Cómo lo viviste?

Creo que es interesante que me hayan tenido en cuenta. Obviamente, mi nombre es totalmente anglo, para nada latino, así que me da un poco de gracia ser el primer nativo de Alaska nominado para un Grammy latino. Es un honor. Es interesante. Es una demostración de que hay un nuevo espacio para los compositores de música. Lo que antes era alternativo en el mundo de la música latina, ya no lo es. Esa música tiene un costado muy interesante, muchas posibilidades de ser exitosa.

La vida te ha llevado de polo a polo, literalmente. ¿Cómo te afectó esta aventura y cómo afectó a tu música?

Realmente empecé a pensar en el trayecto Alaska-Argentina cuando volví a Buenos Aires desde Nueva York en el 2000. En ese momento me dije: “Epa, realmente tengo una historia para contar.” Sentí eso muy profundamente. Estaba tratando de entenderme a través de mis canciones. “Sur or No Sur” fue una forma inconsciente de trazar un paralelo entre lo que yo sentía personalmente y lo que muchas otras personas sienten en los países latinoamericanos. A veces tienen que cambiar de cultura y sumergirse en otra para vivir mejor, para lograr sus objetivos, porque no pueden hacerlo en sus propios países. De forma distinta, por supuesto, yo siento lo mismo.”

Para saber más sobre Kevin Johansen, visitá: www.kevinjohansen.com

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Brian Byrnes es un periodista norteamericano que vive en Buenos Aires desde el 2001. www.brianbyrnes.com

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