ENTREVISTA
KUMBIA QUEERS - MÚSICOS
KUMBIA QUEERS - MÚSICOS

por Arielle Milkman

Kumbia Queers, el grupo femenino de música “tropipunk” compuesto por Ali Gua Gua (de la banda punk  mexicana Últrasonicas), Pilar Arrese, Patricia Pietrafesa, Inés Laurencena (las tres de la banda punk argentina She-Devils), Juana Chang y Florencia Lliteras (de Happy Makers), ha vuelto a Buenos Aires despúes de una extensiva gira por Europa y ni piensan en tomar un descanso. El 23 de Octubre presentaron su segundo disco, La gran estafa del tropipunk, en Buenos Aires, luego de presentarlo en Córdoba. Y la joda sigue con fechas en Capital y también en Bahía Blanca y La Plata. La gran estafa, que es el seguimiento de Kumbia nena!, tenía las criticas y fans esperando más de tres años – una espera que se volvía insoportable cuando contaron que Pablo Lescano (de Damas Gratis) lo iba a producir. Pero valió la pena esperar. El segundo álbum es más complejo, más pensado, se nota la presencia de Lescano. También colaboraron otros artistas, entre ellos Flavio Cianciarullo de Los fabulosos cadillacs y Quique Rangel de Café Tacuba. Sin embargo, el éxito radica en el hecho de que se trata de una progresión de la misma energía brutal, totalmente salvaje, y sus rimas inteligentes que hicieron de Kumbia Nena! una alegría para escuchar – o mejor dicho para ¡PONER AL MANGO!

Arielle Milkman visitó las Kumbia Queers durante un ensayo. Ellas le contaron sobre la cumbia (el hijo bastardo de música), colaborando con Pablo Lescano, y también como es ser un freak.

Arielle Milkman: Cómo les fue en el recital del 23? La presentación de La Gran Estafa del Tropipunk?

Pilar: Fue buenísimo — raras veces salen las cosas como hemos planeado. Calculamos que iban a ir más o menos 500 personas, queríamos que sonara bien, queríamos que fuera una super fiesta, queríamos que la barra tuviera precios económicos, queríamos que fuera así como de convocatoria bastante diversa, y como que salió todo así, eso fue increíble.

¿Cómo es el público que viene a sus recitales en Buenos Aires?

Ali: Bien mezclado y de muy buen humor. Vienen por todos lados. De todo, de todo. Chicas, jóvenes, grandes. Sí, muchas chicas, pero también vienen porque les gusta la cumbia, es gente que le gusta divertirse.

¿Y en EEUU? Sé que fueron de gira allá; ¿Quién sigue la cumbia en los EEUU?

Ali: Hay un montón de cumbia en EEUU, generalmente porque hay muchos poblanos (gente del estado mexicano de Puebla) allá. No es que todos sean poblanos, pero la mayoría de los sonidos son de Puebla, , pero claro eso es la cosa como social de la cumbia, es cosa de los inmigrantes, como que no es cool. Pero en realidad hay un montón, o sea: San Francisco, todo California, todo Tejas, hay mucha mucha cumbia.

Me imagino que ahora la cumbia es más conocida al nivel internacional debido en parte a las giras de ZZK Records … ¿Qué opinan de la electrocumbia?

Pilar: Me encanta.

Ali: Está buenísima. Por supuesto depende de qué. Hay gente a la que se le complica con la cumbia digital, pero para mí al contrario: extendió el género a la pista de baile y sobre todo a la gente que no tenía idea qué era la cumbia.

Pilar: [La electrocumbia] no es algo que tenga mucho tiempo, es algo más bien nuevo. La cumbia se empezó a meter en la electrónica, en el rock – así fue en nuestro caso. Están las bandas más latinoamericanistas que empezaron a meter la cumbia en sus sets, gente que hace cosas más de izquierda, mejor dicho viajeros, mochileros, y gente como nosotras que veníamos del punk.

También a los DJs se les metió la cumbia en la sangre. Me parece que está buenísimo porque hasta ahora la cumbia venía siendo el hijo bastardo de la música, por lo menos acá [Buenos Aires]. Todavía es muy rechazada.

¿Podrías hablar un poco más de eso? Me parece que en esta ciudad todavía hay poca cumbia en los medios, mientras que el rock tiene una presencia muy fuerte.

Pilar: Directamente está prohibida. Incluso la cumbia villera fue prohibida en medios, directamente fue prohibida. Y sin embargo es algo que...el disco de los Pibes Chorros tiene como 15 años. Es muy loco porque en un momento explotó, toda la producción comercial explotó y la censuraron, y quedó en la historia. Es lo opuesto a lo que pasa con el rock: viste que en el rock hay muchas cosas prohibidas, censuradas o underground que en algún momento explotan. Con la cumbia pasó al revés: primero explotó y después la prohibieron. Es raro todo lo que pasa, rarísimo. Y acá particularmente, lo que tiene que ver con la cumbia y lo que se considera la música de los negros...está todo mal.

Por ejemplo, en un momento entré en YouTube - hay mucha gente que se pone a tocar la guitarra y se filma. Me pareció impresionante: vi un chico tocando cumbia en la guitarra y vos ya ves el ambiente: una casita muy chiquita con un bebé durmiendo, una señora lavando, un chico con una guitarra criolla. Toca genial. Y abajo hay muchos comentarios de rockeros que dicen “Con lo bien que tocás es una lástima que sea música de mierda,” o “Negro de mierda — hay que matar a todos los cumbieros.” Todos comentarios mala onda. Me llamó tanto la atención que empecé a meterme en YouTubes de rockeros y obvio, todos los comentarios dicen “Wow, qué bien tocás, excelente.” Nadie se pone a criticarlos. Qué va a entrar un cumbiero y decir “Es terrible lo que hacés.”? Hay mucha animosidad para ofender: se envenenan. No sé qué le pasa a mucha gente.

¿Y se recibe cumbia así en México?

Ali: [Se ríe] Sí. Igual yo soy de Veracruz, que es muy rico en influencias musicales. Hay mucha salsa; tanta que los salseros (los que tocan bien) son como los jazzistas de la música tropical. La cumbia es mal vista, se considera un género menor, porque supuestamente es muy fácil de tocar. Pero me parece que en realidad es una especie de condicionamiento social, que hay una barrera económica. Me decían eso: “Vos qué hacés? Yo hago música balcánica, progresiva o rock” y está todo bien, pero hacés cumbia y es malísimo. No sé por qué hay tantos prejuicios, prejuicios sobre todo, porque somos mujeres, mujeres tocando cumbia. Igual en México la cumbia es más romántica; no es tan, digamos...quizás la cumbia poblana sería la de los grafiteros o más de la calle. Pero en general [en México] es más para bailar en pareja, más amigable. Pero igual, si querés ver un recital de cumbia tenés que ir a barrios muy peligrosos: hay pocos salones en la ciudad para ver cumbia.

¿Cómo llegaron a este género? Siendo personas que antes tocaban punk, por qué les atrajo la cumbia?

Ali: Está buenísima!

Patricia: En principio porque Ali tenía la idea de hacer cumbia, e Inés también.

Inés: A mí porque me gusta. No es que preveo que me va a gustar algo… por ejemplo no me gusta la salsa.

¿Por qué no te gusta la salsa?

Inés: Porque no me gusta [risa de la banda]; no sé por qué no me gusta.

Patricia: Nosotras tres [con Pilar Arrese e Inés Laurencena] tocábamos en un grupo, y nos conocimos acá más o menos en noviembre del 2006, y a finales del 2006 nos pusimos a tocar sin realmente saber qué iba a pasar, porque no teníamos ni idea cómo tocar cumbia. Empezamos a hacer covers de unos temas rockeros que ya sabíamos y empezamos a armar un repertorio pequeño.
Ali: Queríamos tocar todas juntas, pero no queríamos hacer otra banda de punk; queríamos hacer algo diferente.

Pilar: Y a mi sí me gustaba la cumbia, musicalmente todo bien, pero me chocaban tanto las letras que me daba bronca, viste? Nunca jamás me imaginé que iba a cantar en una banda de cumbia. La bailaba en una fiesta; había cosas que me gustaban,  pero en general la verdad es que me daba bastante bronca lo que tiraban –como...la puta, che- básicamente contra las mujeres en especial. Cuando Ali propuso hacer cumbia yo decía, “Cumbia? Uff, por qué? Bueno, probemos …” Revisamos un poco lo que nos gustaba a todas. Alguna de los Pibes chorros, las que no hablaban de mujeres, otras que estaban buenísimas. Empezás, escuchás, y hay millones de cumbias que no tienen letras horribles. Hay otras con letras horribles que igual están buenísimas en sí: el ritmo, la música, el género...está bueno. Como todo. Empezás a conocer — para mí ese fue el problema — tenía una cosa desconocida y decía “No, eso es horrible”, y cuando empezás a conocer, empezás a entender o descubrís cosas.

Ali: Creo que nos aproximamos al género de una manera punk, porque nunca habíamos tocado cumbia. Así que fue como el rock en ese sentido: no sabés tocar muy bien pero igual formás una banda y hacés todo vos mismo, “do it yourself”. Pero creo que al aprender a tocar cumbia, los ritmos, todo...fue como aprender a tocar de nuevo. Fue como mirá, no es tan tan fácil. Para mí fue encontrar otra manera de hacer las cosas: si estás acostumbrada a trabajar en el ámbito del rock, ya conocés cómo es la movida. Y la manera de trabajar en la cumbia es muy diferente. No hay pruebas de sonido, tocás ocho veces por noche, no importa quién toca qué, no hay protagonista, es muy promiscuo, y está buenísimo.

¿Cómo les fue trabajando con Pablo Lescano?

Pilar: Aprendimos mucho, un montón. De cumbia, de música.

¿Cómo conocieron a Pablo?

Ali: Compartimos una fecha. En el segundo aniversario de la fiesta Zizek tocamos junto a Damas Gratis y ahí nos conocimos. En seguida empezamos a charlar y hacer chistes; fue como muy amigable en seguida y [Pablo] nos pareció -en un punto- bastante parecido a nosotras, con el mismo humor. En seguida empezamos a hablar de música y de la diferencia entre la cumbia y el rock.

Patricia: Es muy simpático y muy fácil de tratar, y le interesaban las cosas que hacíamos nosotras, por qué y cómo tocábamos. Entonces fue fácil porque había onda.

Ali: Es raro...porque en la cumbia las mujeres pasan a un segundo plano, entre grupi y cantante fan. No hay mucha costumbre de chicas tocando. Pero no, él fue muy generoso también. Lo que me gusta de Pablo es que siempre está investigando lo nuevo, qué salió, es así: no para. Cuando no está grabando está tocando, o de gira, no para no para no para.

Pilar: Y en esa fecha dijo que nos invitaba a su estudio a grabar unas canciones, a trabajar con él. Volvimos un año más tarde con el disco que salió ahora: La Gran Estafa del Tropipunk. Empezamos a trabajar con él desde cero, con la cabeza en el disco nuevo — el otro fue para probar — y ahí estuvimos dos o tres meses en el estudio trabajando con él, con sus músicos, con otros invitados. Su estudio funciona todo el tiempo, está todo el tiempo invitando gente a grabar: del interior de Argentina, de México, Colombia, Perú. Siempre hay gente de todos lados ahí entonces no tiene problema en decir “No querés grabar con las chicas, no querés cantar?” Conocimos un montón de gente en su estudio.

Ali: Y también [Pablo] es bastante parecido al punk rock porque empezó a tocar sin saber nada, su amor a la música lo hizo ponerse a tocar en una banda. Trabajando con él, también aprendés cosas del “business.” Él dice que es como un DJ, aunque toca en vivo. Pero es verdad porque nunca para de tocar. Toca media hora y toca los temas uno detrás del otro, no hay descanso. Eso en el rock ni siquiera se imagina — tocás una canción, parás, esperas el aplauso.

¿Cómo ha cambiado el estilo entre el primer disco (Kumbia nena!) y el segundo (La Gran Estafa del Tropipunk)?

Pilar: Para mi es más cumbiero que el anterior, se nota que estuvimos ahí con Pablo. La producción suena mucho mejor.

¿Menos casero?

Pilar: No, es casero pero más complejo. En el primer disco grabamos una caja de ritmo; en este se tocan el ritmo y el tambor, hay cada vez más teclados y más voces, y todo con mucho más cuidado. Todo tenía que estar perfecto y eso se nota. Y en el sonido se nota la mano de Pablo Lescano. Cuando vas a un productor también vas porque te gusta lo que hace. Creo que se mete la artística de esa persona. Trabajamos largas horas con él, y se nos metieron cosas suyas que nos gustaron.

Ali: Sí, en ese sentido es muy generoso. Yo estuve tocando rock quince años y nunca vino alguien copado diciendo “Ey, ¿les gusta esto?” Fuimos muy afortunadas de tenerlo [Lescano] porque queríamos hacer cumbia y él es el mejor maestro.

¿Cómo es la relación del grupo con la comunidad queer?

[Entra Juana Chang]

Pilar: Juana, ¿querés explicar nuestra relación con la comunidad queer?

Juana: Yo tengo unas amigas queer [Ali se ríe] … lo que hacemos lo hacemos con todo, para toda la comunidad.

Pero el nombre: ¿Por qué queer? ¿Es música para chicas?

Todas: No.

Inés: La palabra queer afecta a la palabra cumbia, no a nosotras las personas. Para mí, la cumbia es queer, y para la cumbia, nosotras somos queer.

Ali: La palabra queer es difícil: la mejor traducción que he encontrado es “rarito.” Para nosotras [queer] no significa puto sino que significa rarito. Y en ese sentido nos va muy bien, no nos sentimos parte de ninguna tribu urbana, sabés? Ni punk, ni rock, ni rasta, ni dykes, ni cumbieros sino la mezcla de un montón de cosas. Aparte el gran chiste es como los Cumbia Kings y somos queers. En realidad significa ser distinto pero no en lo sexual sino en todos los sentidos.

¿Qué más?

Pilar: Es importante la salida de este disco porque el otro [Kumbia nena!] lleva como tres años y medio, así que para nosotras es algo muy importante. Haberlo hecho con Pablo, haberlo podido tocar en Europa, en México, acá, girar en los EEUU, en Canadá. Que vengan a ver el show, ¡que escuchen la música!