ENTREVISTA
VIVA EL REY DE LA CUMBIA
VIVA EL REY DE LA CUMBIA

Por Shawn Reynaldo

Dick Verdult es un holandés de mediana edad que se convirtió en el padrino de la cumbia experimental en Argentina. Más conocido como Dick El Demasiado, el fundador del legendario festival Festicumex recientemente regresó a Buenos Aires para terminar su nuevo álbum y presentar una serie de shows en vivo. Pocos días antes de su llegada, ofreció una entrevista y compartió un asado en la sede de Whats Up Buenos Aires, donde habló de su vida, su música y cómo empezó la historia exactamente.

WhatsUpBuenosAires: Empecemos por el principio. ¿Dónde y cuándo naciste?

Dick El Demasiado: Nací en Eindoven, Holanda, en 1954.

W: Durante tu infancia viviste en muchos lugares distintos. ¿Cuáles son los países donde residiste?

D: Guatemala, Argentina, Holanda, Francia y Sudáfrica.

W: ¿Por qué te mudaste tantas veces?

D: Formo parte de la generación de los hijos de las multinacionales. Mi ciudad, Eindoven, es el lugar donde se originó Philips, la empresa de electrónica. Mi padre trabajaba para ellos y llevó a su familia a todos los lugares donde lo mandaban. En cada uno de esos países nació alguno de mis hermanos. Yo nací en Holanda, mi hermano en Guatemala y mi hermana en Argentina.

W: ¿Cuántos idiomas hablás?

D: Cinco: holandés, francés, alemán, español e inglés.

W: ¿Qué tipo de música escuchabas durante tu infancia y durante tu juventud?

D: Yo crecí antes de que el término “música mundial” se empezar a utilizar. Yo lo viví. Cuando tenía tres años, escuchaba música marimba y mexicana. Después, a los 5 o 6 años, escuchaba música argentina, pero también música árabe, irlandesa, nigeriana y todo lo del medio. Dixieland y todo eso. Viajábamos por todos lados y por supuesto Philips también es una disquera, así que teníamos la ventaja de tener una empresa discográfica al alcance de nuestras manos y de viajar por el mundo.

W: ¿En qué momento de tu vida empezaste a experimentar con la música?

D: Por supuesto que el sueño de casi todo niño es tener facilidad para la música, pero yo de chico empecé con mucha torpeza. Después, por supuesto, formé bandas. Pero la formación de una banda no me resultaba demasiado interesante. Está muy relacionado con la fidelidad, la democracia y todo eso. Después formé un grupo de artistas en Holanda, llamado Instituto de Demencia Barata, con el cual hacíamos shows. Así que con esa banda grabábamos cintas y yo, por mi parte, hacía radio pirata, como 500 horas de radio en vivo. Durante las sesiones de radio, distorsionábamos y le poníamos efectos a la música en vivo, con lo cual todo se transformaba en una gran improvisación pero no al estilo jazz, sino sólo para modificar el material. Así fue que aprendí a tomarme la música con una cierta liviandad.

W: ¿En qué momento descubriste la cumbia?

D: De los 6 a los 12 años, viví en Argentina. Cuando viajás mucho y te mudás todo el tiempo, podés sufrir o estar al tanto de la situación. Yo tuve la suerte de estar al tanto de la situación. Sabía muy bien que mi familia era adinerada... Tuve conciencia de ello desde chico. La cumbia era la música del personal doméstico. Nosotros teníamos una empleada doméstica que siempre fue muy buena conmigo. Yo no tenía nada contra las empleadas domésticas y esa era la música de ellas. Todos mis amigos iban a escuelas de la alta sociedad y pensaban que la cumbia era una grasada. Nunca llegué a ese nivel porque me fui del país a los 12 años. Si me hubiese ido a los 16, tal vez yo también habría sido uno de los que pensaba que era una grasada, especialmente en una etapa de la vida donde uno se cree “piola”. Simplemente me quedó una muy buena impresión de la empleada doméstica y por eso no tuve ninguna concepción equivocada acerca de los valores de la cumbia. Me gustaba y no tenía nada que ver con el nivel social.

W: ¿Y cuándo empezaste a experimentar con los sonidos de la cumbia?

D: Al trabajar mucho con la música dub, me resultó muy fácil compararla con la cumbia y me di cuenta de que tenían el mismo tipo de estructura y el mismo tipo de actitud ante la vida. Ahí fue cuando me di cuenta de que esa música tenía mucha textura para trabajar. Eso fue más o menos en el 2000.

W: ¿Dirías que la experimentación con la cumbia es simplemente una continuación de tu experimentación con los sonidos en general?

D: Sí. Nadie quiere que su vida sea parte de una categoría. Lo interesante es desestructurar las categorías.

W: En algún punto –creo que fue en 1996– organizaste el primer festival Festicumex en Honduras. ¿Por qué Honduras? ¿Estabas viviendo ahí en aquel momento?

D: Te cuento la historia. Había ganado mucha plata con Endemol, la empresa de televisión/productora. Podíamos gastarlo en lo que quisiéramos porque éramos un grupo de artistas. No me pagaron en forma individual sino a través de ese grupo. Entonces dije: “Bueno, vamos a Honduras” un año después del huracán Mitch. Honduras siempre fue un país olvidado. Pero llegó Mitch, les prestaron atención durante tres meses y después volvieron a desaparecer, a ser un país olvidado. Entonces quisimos saber cómo seguiría la vida en este país olvidado un año después de ese momento de glamour. Fuimos para allá con un grupo grande de gente y filmamos mucho material sin dirección alguna. No queríamos probar nada, simplemente filmamos mucho. Éramos un grupo de artistas sin otro propósito que la observación y descubrir qué iba a pasar.

Entonces inventé este festival (Festicumex) no para que fuera un festival sino para que fuera un sitio de Internet. Me di cuenta de que si hacía un sitio interesante para Festicumex, podría decir “estos músicos tocaron ahí y su hobbie favorito es filmar inundaciones”. Usé la idea de Festicumex simplemente para tener una percha para todo este material. Nunca existió, pero lo contamos como si hubiese existido. Hasta conseguimos un subsidio del gobierno holandés para armar un sitio para nuestro “primer festival antedatado”. Este festival fue el primer festival antedatado y subsidiado. Nunca ocurrió, pero los artistas surgieron a partir de ahí. Los inventamos y la gente quiso saber sobre ellos, por lo que escribí un libro que incluso tiene entrevistas. De pronto todo cobró vida y yo preparé la música de estos artistas inventados. Hice una canción para Padre Teresa y para Higiénica González como si fueran diferentes personas y todo empezó a crecer. Al mismo tiempo, me di cuenta de que también podía hacer algo para Dick El Demasiado, quien (por aquel entonces) todavía no era la misma persona que yo. Grabé un CD entero y disfruté haciéndolo, y así fue como empezó. Ese fue el primer Festicumex. El segundo lo hicimos de verdad en Buenos Aires, en el 2003.

W: ¿Qué te impulso a hacer de Festicumex un evento real?

D: Me di cuenta de que, estando acá, tenía la comodidad económica para ser independiente. No tenía que ser amigo de tal o cual tipo. Podía hacer exactamente lo que quería porque tenía el subsidio de Holanda y podía generar lo que quisiera. Por supuesto que sólo generé lo que me pareció que sería interesante y bienvenido. Era obvio que lo iba a hacer fuera de la ciudad y de modo periférico con un grupo de músicos que nunca se conocerían. Para lograr esto, hay que inventar bandas. Inventás bandas e invitás gente. Todos tenían la misma actitud de complot: querían participar en esta increíble mentira organizada... Por supuesto, el resultado fue muy auténtico y de pronto generó una buena predisposición para perder todo complejo relacionado con la cumbia. Todos estaban muy sorprendidos por mi interés cuando llegué a Argentina en el 2003. Me preguntaban por qué había venido acá para hacer cumbia.

W: Hablando de la cumbia, parece que aún hoy el género sigue teniendo el estigma de ser música de clase baja. ¿Esto es algo que seguís viendo en tus viajes por Latinoamérica?

D: Mucho menos. Si te fijás bien, en Argentina, los niños “bien” están tocando cumbia villera. Es un género que ya salió de los guetos donde nació. Colombia es auténticamente un país de cumbia... Hasta el primer ministro te baila una cumbia sin ponerse a pensar en lo que es políticamente correcto. Simplemente hace lo que siempre hizo. En México, la cumbia es, en cierta forma, música de clase baja, pero es aceptada de todos modos. La primera vez que vine a Argentina, la gente se quejaba de la cumbia villera. Si ibas caminando por la calle y pasaba un auto con cumbia a todo lo que da, todos pensaban que la sociedad se estaba yendo al tacho. Así se hablaba de la cumbia. Creo que acá es un género más estigmatizado. Este es el país donde más se reprimió a la cumbia.

W: ¿Por qué creés que fue así?

D: Argentina es un país que podría creer que es sutilmente europeo. Esto es algo que lo tienen incorporado, y sólo después de la crisis comenzaron a tener una mirada más introspectiva. En Buenos Aires hay mucha gente blanca y de clase media, por lo cual tienen una gran necesidad de distanciarse de la clase trabajadora. En Perú y Colombia la cosa es mucho más mezclada.

W: ¿Dirías que este cambio de percepción en Argentina está mayormente relacionado con los efectos de la crisis económica?


D: Creo que la crisis económica ayudó mucho a incrementar el interés de la gente en el interior del país. Buenos Aires es un puerto y mira hacia afuera, no mira para adentro. No está a 300 kilómetros de la costa, como la ciudad de México. Está en el borde. Después de la crisis, la gente tuvo que buscar una forma más barata de viajar, por lo cual repentinamente empezaron a mirar a las provincias. Creo que ese es un punto muy importante. Y ciertamente recibieron un increíble golpe catártico durante la crisis. Fue como despertar nuevamente.

W: Llevaste la cumbia a Europa e hiciste shows ahí. ¿Cómo fue la recepción?

D: No la expongo demasiado. No tengo la intención de llevar la cumbia para allá. Simplemente la toco cuando me invitan. No es que voy y digo: “acá llegué yo con una valija llena de originalidad”. Toco cuando me invitan y también hago otras cosas. En Europa tienen una idea equivocada de que toda la música latina como Buena Vista Social Club, ¿viste? Tienen cuatro o cinco clichés y bueno, la cumbia no encaja bien. Ahora está empezando a encajar y la están poniendo al lado de los otros trofeos que consiguieron con la fría percepción que tienen de las cosas. Entonces, si te clasifican como un músico latino, lo que todos piensan es: “¿Cuándo empieza la canción cubana? O la samba, o lo que sea. Puedo ir a subirme al caballo de la cumbia y explotar el territorio... Pero lo que me interesa es trabajar acá, en México y en Colombia.

W: En los últimos cinco años aproximadamente se vio una fuerte tendencia por parte de los estadounidenses y europeos a mirar hacia el tercer mundo en búsqueda de nuevos ritmos y sonidos. ¿Qué pensás al respecto?

D: Desearía que todo esto fuese por curiosidad. Creo que la curiosidad es muy buena... Pero definitivamente creo que hay mucha intención comercial, y eso no ayuda. Es un campo muy frágil... No podés tratarlo como un museo. No es arqueología. No es nada difícil destruir la belleza de una cultura en tres o cuatro años y no dejar nada tras tus pasos. Fijate en la música Tuvan: después de dos tours... toda la magia y la belleza se perdió. Hay que ser muy cuidadoso.

W: ¿Cómo hacés para asegurarte de tratar a la música y a la cultura como corresponde?

D: No creo que le esté quitando nada. Creo que estoy aportando. Hay una gran diferencia.

W: Cuando hacés música, ¿lo hacés solo o con una banda?

D: Tres de mis cuatro CDs los hice solo, con máquinas y en un estudio. Pero no lo hago como un ingeniero. Simplemente me divierto y amaso muchísimo material. Hay mucha gente que hace música electrónica, y es como si estuvieran armando un modelo de avión donde todos los stickers tienen que estar en el lugar correcto. Y eso es sólo con una canción, después hay que seguir con otro avioncito. Yo simplemente amaso un montón de material y después, en el estudio, decido qué hacer con todo eso, lo cual es todo muy rápido.

W: ¿Hacés música basada en samples, es todo original, o un poco de las dos cosas?

D: Por el momento, voy a grabar con mi banda. Tengo una banda. Hasta ahora, lo que vengo haciendo es esto: tengo una canción armada con samples y cuando la paso en vivo, simplemente la despojo de algunos elementos y dejo que los músicos la completen, lo que le da un carácter completamente distinto.

W: Hablando de tu banda, ¿los miembros son argentinos?

D: Sí.

W: ¿Cómo los encontraste?

D: Simplemente se presentaron. Si te mostrás lo suficiente, la gente sabe dónde encontrarte. Me posicioné muy bien al hacer Festicumex, y por eso la gente se me acerca todo el tiempo. Me quedé con las primeras personas que se me acercaron y realmente formé una banda fantástica. Cuando toco en el exterior me dicen que tengo unos músicos extraordinarios, lo cual es cierto. Nunca tuve que ir a buscar gente para la banda, ni pedirle a nadie “por favor”, ni nada de eso.

W: ¿Lanzás los álbums vos mismo o trabajás con sellos discográficos?

D: Tengo un sello discográfico que es un emprendimiento un tanto turbio, ya que no es un comercio ni nada de eso. Es un logo con el cual lanzamos discos. Trabajamos sin presiones y todo funciona muy bien, por lo tanto no necesitamos presionar las cosas. También tengo canciones en otras compilaciones, como Señor Coconut, por ejemplo. Uno de mis discos también fue lanzado en México y Colombia.

W: En Latinoamérica hay un elevado nivel de piratería. ¿Eso te desalienta a la hora de lanzar tu material?

D: No, para nada. Estoy en una posición en la que de mí depende conseguir el dinero en otra parte, no voy a ganarlo acá. Me gustaría ganar plata acá, pero como un profesional, no vendiendo cosas. Si participo en un proyecto artístico en Europa, la plata que gano me alcanza para hacer tres discos. Estoy de acuerdo con la piratería; no con el hecho de robar derechos y todo eso, pero si te fijás en cómo los bolivianos de acá escuchan su propia música, es principalmente gracias a la piratería. Compran los discos por dos mangos y así mantienen su cultura. Estas cosas se tienen que tener en cuenta cuando criticás la piratería.

W: En septiembre y en octubre vas a hacer unos cuantos shows en Argentina. Según lo publicado, uno de tus shows se va a hacer en una “cárcel de mujeres”. ¿Lo vas a hacer realmente en una penitenciaría?

D: Sí. Personalmente, para mí es importante tocar para distintos tipos de público. Si congelo la situación al punto de tocar siempre para la misma gente, me voy a aislar. Por eso, me gusta ser explícito y llevar mi música a otras partes. Este show que se va a hacer en una cárcel de mujeres no fue mi decisión, pero por supuesto creo que es genial. Me enorgullece mucho.

W: ¿Qué otros artistas de cumbia o de otros géneros te gustan?

D: No es fácil contestar esa pregunta porque no es algo que haga muy frecuentemente. Actualmente estoy escuchando música peruana, cosas viejas. También estoy estudiando sobre la música Calipso.

W: ¿Estás en una búsqueda constante de discos?

D: No, no. No miro las tapas de los discos, no colecciono ni nada de eso. Simplemente trato de pensar cuál es el núcleo del concepto. Por ejemplo, la música Calipso posee una necesidad pedagógica muy grande. Muchas canciones de Calipso intentan explicar algo. Entonces, lo que me gusta hacer es tratar de entender esas cosas. ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo empieza la canción? ¿Menciona al problema o no?

W: ¿Tenés otros planes para el futuro?

D: ¡Sí! Estoy planeando filmar una película acá. También voy a grabar un disco de cumbia en el mar Ártico en vivo. En Rusia, en el invierno.

W: ¿Por qué el mar Ártico?

D: Para mí es importante porque estoy en una situación en la que me encuentro en el medio, porque me gusta destruir los clichés, llevar la música supuestamente tropical tan lejos como sea posible de su fuente y hacer que sea valiosa, creíble y auténtica.

Dick El Demasiado va a encabezar el Super Zizek del sábado 15 de septiembre en Niceto Club. Para mayor información y un cronograma de los próximos shows, visitá www.myspace.com/dickeldemasiado