por Saba Mohtasham
Fotos de Ricky Morales
Si estás yendo a ver una película en Cine Club Buenos Aires Mon Amour, es probable que te pases de largo del lugar. Tiene sentido – no hay señales, no hay manera de saber cuál de los edificios residenciales podría ser el que buscás en esta calle en San Telmo, a menos que ya hayas recibido la dirección. Después de uno o dos intentos más, entrás.
Ahora estás caminando por un pasillo estrecho, oscuro, preguntándote si te vas a encontrar en la sala de un desconocido pidiendo ver “Soul Kitchen” (la comedia más reciente del director alemán Fatih Akin) sólo para ser saludado con una expresión de confusión ridícula. Llegás al final del pasillo, abrís la puerta y dás un susprio de alivio, al darte cuenta de que llegaste con éxito.
Este cine independiente sigue siendo uno de los secretos mejorw guardados de la ciudad. Pasando de todo, desde películas argentinas hasta documentales europeos, Mon Amour es el sueño de un cinéfilo – probablemente porque es dirigida por dos cinéfilos también.
Guillermo Cisterna Mansilla puede rastrear su amor por el cine a los seis años, cuando su padre lo llevaba a ver tres películas seguidas en Buenos Aires. Así que cuando conoció a otro entusiasta, Carlos Affur, en su misma carrera de Informática, decidieron convertir su pasión por el cine en algo más, afuera de sus trabajos. En diciembre de 2007, ellos, junto con otros tres amigos que se irían del proyecto por razones personales, fundaron Mon Amour, nombrado así por la película “Hiroshima Mon Amour” del cineasta francés Alain Resnais.

Arriba: Mon Amour cuenta con una de las selecciónes más eclécticas de la cuidad de las películas de la escena artística internacional de cine. De izquierda a derecha, "Colmillos" de Yorgos Lanthimos, "Soul Kitchen" de Fatih Akin y "Fish Tank" de Andrea Arnold; abajo: "Hiroshima, Mon Amour" de Alain Renais.
“Esta iniciativa nace a partir de la cinefilia, del gusto por el cine, de la pasión”, Mansilla dijo. “Fue una iniciativa pensada para compartir ese gusto, esas ganas, esa pasion”.
Y empiezan a compartirla en el departmento de Mansilla en Recoleta. Un fin de semana por mes, casi 25 amigos y amigos de amigos se juntarían en su living comedor y verían una película a través de su proyector y pantalla grande.
El plan de unir gente para ver y charlar de un film que no podían encontrar en una sala comercial estaba funcionando – el único problema era no poder dar cabida a toda la gente a la que le interesaba, por no mencionar que Mansilla dijo que era cada vez más incómodo que hubiera tantas personas en su departmento todos los fines de semana.
“Si esto podía funcionar para un grupo pequeño, ¿por qué no hacerlo para que nuestra propuesta pueda llegar a más gente?” Mansilla dijo.
Llevaron a cabo el último encuentro en su casa en octubre de 2008, y después de un mes de convertir la nueva residencia en una sala con una pantalla gigante y 38 butacas estilo estadio, estaban en marcha en San Telmo, un barrio bohemio con una historia de amantes del arte, listos para recibir más personas. Un problema – en realidad perdieron clientes.
“No tuvimos en cuenta que habíamos cambiado el barrio”, Mansilla dijo. “A la gente que estaba acostumbrada a ir a Recoleta ya le quedaba incómodo San Telmo. Por lo que tuvimos que trabajar un poco más en la difusión para volver a empezar a convocar gente”.
No tardó mucho tiempo en encontrar seguidores. Y, esta vez, atraer a un público más joven también.
“Nos pone contentos que llegue gente por el boca a boca, eso significa que está funcionando”, Mansilla dijo.
Dependen del boca a boca, ya que a menos que te encuentres con su página web o su Facebook, es casi imposible averiguar de Mon Amour.
“Los cinceclubes como son espacios independientes, no tienen el presupuesto para poder hacer una publicidad”, Mansilla dijo. “Lamentablemente, todavía no hay un medio por el cual el espectador que no es muy curioso pueda enterarse fácilmente”.
Pero no había un problema con llenar las butacas. Pronto se encontraron pasando películas varias veces por día, cuatro días por semana, con capacidad para unas 600 personas por mes.


Carlos Affur, co-fundador de Cine Club Mon Amour.
Con el aumento de la popularidad, el cine se concentró en mantener su estilo personalizado. Todavía reservás a través de su página web, y le dan a cada cliente sus números de teléfono celular para que los puedan llamar personalmente si tienen que cancelar.
Es común encontrar una casa llena, con un grupo tan ecléctico como su selección de películas. Verás a los miembros que vienen todos los fines de semana, los que lo descubren por primera vez y extranjeros de paso por la ciudad.
Obtener la películas resulta ser una de las partes más difíciles del trabajo. Con la ayuda de viajeros que les traen una copia de un film internacional, se aseguran de que no tiene un distribuidor local y a veces tienen que poner los subtítulos ellos mismos. Además, siempre prestan atención a los cineastas locales, de vez en cuando muestran el trabajo de estudiantes de cine de La Fuc.
"Hay que apoyarlos y darles un lugar para que también se vean", Mansilla dijo.
Le dieron al director argentino Marco Berger un lugar para ser visto y fueron el primer cine de la ciudad que lo invitó a presentar “Plan B,” su reciente película sobre el amor inesperado. Luego, la película llegó al MALBA, aún en marcha después de varios meses de éxito.
“Somos un espacio que también invita a que los directores dialoguen con los espectadores”, Mansilla dijo. “En el MALBA está proyectando ‘Plan B’ actualmente, pero no vas a poder dialogar con Marco Berger”.

"Plan b" de Marco Berger.
Lo que también diferencia Mon Amour de los otros cineclubes de Buenos Aires (todos unidos bajo la Federación Argentina de Cineclubes) es que en enero de 2009, comenzó a ofrecer clases en Recoleta.
“En Buenos Aires hay mas Escuelas de Cine para aprender realización que en París”, Mansilla dijo. “¿Pero para ver? No. No hay muchos lugares donde ofrezcan el tipo de cursos y seminarios que se dictan (en Mon Amour)”.
Dictadas por críticos y profesores de cine a menudo de la Universidad de Buenos Aires, las clases ofrecen temas que probablemente no encontrarás en ningún otro lugar, como un curso dedicado enteramente a la obra de David Lynch. Si sos un estudiante de cine o alguien que no tiene conocimiento previo, el objetivo es el mismo.
“Nuestro foco son los cursos y seminarios para aprender a ver el cine y poder descubrir un gusto por el cine que antes no tenían”, Mansilla dijo. “Al espectador lo estamos ayudando a entrenar el ojo. … Es lo más importante que tiene Mon Amour”.
Están a punto de celebrar el tercer aniversario de Mon Amour este diciembre, Mansilla y Affur continúan funcionando con el mismo objetivo que tenían cuando trabajaban en el living comedor de Mansilla.
“Somos formadores de espectadores”, Mansilla dijo.





























































































































































