por Kevin Vaughn
Fotos de Kevin Vaughn y Robbie Zant
El sonido que emite la voz de Evy Duskey es, en una palabra, refrescante. Su canto es una mezcla de muchos ingredientes, los que se leen contradictorios en papel, pero que son ricos y sabrosos cuando se los cocina juntos. Su tono es simple y dulce, las notas que canta expresan un movimiento complejo y diverso. Su voz crea momentos como una grabación de folk vieja emitida por un fonografo cuando canta “To Tell Me”. Combina exquisitamente melodías pop modernas. Sus historias son cuentos de hadas, su lirismo desnuda . Todos estos detalles se ensamblan en una música emergente, pero la electricidad de Evy encaja dentro de la escena porteña folklórica, algo que ella y su banda Bicho Feo han calificado como “gringa folk”. Es esa fusion entre el canto y la composicion muy norteamericanos junto al sonido sudamericano del charango, una novedad, que hasta ahora, no hemos escuchado en los escenarios de Buenos Aires.
Nos juntamos con Evy en el Lago de Regatas en Belgrano, donde charlamos sobre abrirse a la fusión de estos dos mundos musicales.
¿De dónde sos?
Soy de las afueras de Cleveland, Ohio (EEUU), de la zona oeste. Es un detalle importante.
¿Cómo llegaste a Buenos Aires?
He tenido una atracción extraña por esa ciudad desde muy chica, como un impulso inexplicable. Así que cuando llegó el momento de hacer un intercambio en la facultad decidí seguir mis instintos e irme. Conocí un chico (Leandro) la segunda semana aquí, y así fue, me enamoré de todo al mismo tiempo.
¿Cuáles son las cosas que te gustan de Buenos Aires?
Es una ciudad cruda – en todos los sentidos. La gente se queja todo el tiempo de las calles sucias, el ruido, la congestión del transporte público, el calor. Y la ciudad tiene mucha historia, fue al infierno y volvió. Pero después de todo, la ciudad sigue en pie, y la gente sigue contando su historia. Esta ciudad es muy humana. Es descarada y fuerte de una manera muy real.
¿Cómo conociste a tus compañeros de banda?
Bueno, todo comenzó dos semanas después de llegar. Me abordó Lean en el Imaginario Cultural de Almagro, estaba ahí con mis compañeros de cuarto a punto de irnos a un boliche. Él y su banda (de esa época) se habían ido directamente allá desde un ensayo entonces llevaron sus instrumentos. Viendo eso, y con experiencia en el radio, tenía una buena excusa para practicar mi español terrible con alguien…y nos conectamos al toque.

¿Entonces vos y Lean son pareja, cómo entró el otro miembro Mauricio?
Son viejos amigos, tocaban juntos en bandas punk en la secundaria. Una se llamaba “McFly” (risas), me gusta mucho el nombre. Ahora los dos trabajan en los medios de comunicación. Mauricio en MTV LA y Leandro en publicidad.
¿Y los dos son de acá?
Sí, Lean y Mauricio son de Los Polvorines, del noroeste de la provincia. Estaban en un montón de bandas juntos, punk rock, ska, death metal, alternativa, reggae. Somos de orígenes musicales muy diferentes, ellos y yo.
¿Entonces como funciona, yendo de punk a pop-folclore?
La verdad es que son muy eclécticos. Es algo que siempre he agradecido. Tratamos de desarrollar cada canción de una forma individual, para no atraparnos dentro de un género. Antes de Lean, nunca pensaba en cantar en público, y mucho menos estar en una banda. Así que estoy tratando de abrirme a diferentes sonidos tanto como sea posible.
¿Ayudan escribir los temas?
Yo calcularía que el 60% de las canciones fueron cosas que llegaban a mí y yo le puse el básico en la música y las letras. Después Mauricio y Lean hacen cosas increíbles que yo todavía no soy capaz de hacer. Estar en una banda está bueno por eso. Necesito que me aconsejen. Inclusive yo diría que el líder de la banda es Leandro. Nos maneja durante los ensayos, se asegura que grabemos y escribamos todo. Tiene mucha más “experiencia de banda” que yo.

¿Qué es lo que escribís en tus temas?
Últimamente mis canciones tienen que ver con viejos cuentos de hadas. Es algo de mi infancia y mi educación. Tenemos una canción que se llama “Glass Mountain” (Montaña de vidrio) que viene de un viejo cuento polaco. Mi bisabuela era de Polonia. Las otras tienen temática náutica, digamos. Crecí en las costas de Los Grandes Lagos, y todo estaba relacionado con la familia y el mar.
Contame la historia de “Dancing Shoes”.
Me gustó la idea del cuento de los hermanos Grimm, sobre las doce hermanas bailarinas que vivían en un castillo. Desaparecían cada noche y volvían con las zapatillas totalmente arruinadas. Era como un desafío para el papá, que contrata un señor para que durmiera en la habitación de sus hijas y averiguara dónde iban. Tomé la historia y la reformé a mi manera. Cuando pienso en esos cuentos que intervine, que yo leía y que me fueron leídos, están retorcidos, cambiados según mis propias experiencias. Algunos de mis músicos favoritos son letristas cripticos, pero por ahora eso no es mi estilo. Creo que tiene mucho que ver con estar acá.
¿Porqué?
Empecé a escribir canciones y cantar y tocar el charango mientras estaba en Buenos Aires. En este momento me encontré con un nivel de comprensión muy infantil.
¿Adaptando al castellano?
Claro. Dejé de escribir y hablar de una manera compleja, explicando todo de una forma simple me sentía mejor. Creo que es la razón por la que me gusta escribir sobre la nostalgia personal. No importa que acá esté feliz, las raíces de mi pasado, de mi familia, se están arraigado profundamente dentro de mí.
Me gusta mucho como suena este charango latinoamericano con esta voz dulce inglés.
(Risas) Siempre nos reímos del “gringa-folklore” que canto. Es curioso porque todavía estamos investigando cuál es nuestro sonido, pero también tratamos de no preocuparnos tanto por eso. Hay temas en que se demuestran mis sensibilidades más las de los chicos, y viceversa. Es como un constante tira y afloje de la cuerda que jugamos. Canto, es algo que ocurrió. Estuve soltera por primera vez en mucho tiempo y pensé, “Bueno, ¿dónde podría meter toda esta angustia (y tiempo libre) para que sea útil? Yo no finjo ser una gran instrumentista, de ninguna manera. Aprendí a tocar el charango para poder cantar, lo toco como si fuera un super-ukelele. Hay algunos rasgueos y ritmos muy interesantes que uno puede hacer con el charango que yo todavía no manejo. Sofía Viola toca unas cosas increíbles con el charangón, la envidio bastante.
Tu primer show fue como banda de apertura para Sofía, ¿Qué recordás de esa noche?
Fue muy sorprendente y emocional. Fue la primera vez que tocamos en vivo y hubo más de 100 personas. Me asombró la gente, me asombraron los otros músicos. Lo recuerdo como una noche borrosa llena de nervios. Y, de toque se terminó y mis rodillas se fueron relajando...con el tiempo.
¿Qué podemos esperar de Bicho Feo en el 2012?
Más videos, un EP, y todos los recitales que podamos bookear. Grabar es la prioridad, ya que contamos con más de ocho temas originales y todavía no los grabamos en un estudio. Además estamos muy emocionados por la incorporación de un nuevo miembro, pero eso me lo reservo por otro momento. Lo que espero es poder construir algo que la gente quiera compartir entre ella y nosotros.
Visita su página en Facebook para ver donde se puede ver a Bicho Feo en vivo.





























































































































































