por Kevin Vaughn
Hay un momento cuando Moacir Dos Santos mira a través de la cámara, encauzando el espíritu de James Brown – una peluca negra, maquillaje bronceado “para televisión” y unos lentes enormes que tapan sus ojos – y dice: “ Parezco medio loco, pero yo sé lo que estoy haciendo”. Esa sola frase descubre perfectamente a Moacir, el protagonista del tercer documental del mismo nombre de Tomás Lipgot, una encantadora historia sobre superar los grandes obstáculos a través del poder de la música.
Moacir Dos Santos es un inmigrante brasileño que vive en una pensión en una pequeña habitación cerca de la Plaza Constitución. Esta radicado en la Argentina desde hace 30 años, de los cuales 10, los pasó en una institución mental de Barracas. Fue rehabilitado luego de haber sido encontrado en la calle, sucio, anti-social y esquizofrénico. Diez años de tratamiento y el Moacir que vemos en la pantalla es apenas reconocible con la imagen que él pinta a sí mismo.
Nacido en las favelas, Moacir y sus dos hermanos fueron criados en extrema pobreza, por su madre soltera. Sus memorias más felices eran momentos llenos de música, danza, y el evento anual que es sinónimo de la cultura brasileña: El Carnaval. Quiso empezar de nuevo, así en 1984 se mudó a Buenos Aires para buscar una carrera en la música. La pobreza y la locura le impidieron llegar a esos sueños hasta que fue elegido para protagonizar el primer documental de Lipgot, “Fortalezas”, sobre gente recluída en instituciones. Reencontraron sus canciones, aquellas que Moacir pensó que había perdido, y contrataron al compositor Sergio Pangaro para producir la grabación de su disco.


Lipgot ha creado una joya del cine, porque nunca toma el camino fácil. Moacir es maníaco (en todos los sentidos): está lleno de energía, es encantador, muy seguro de sí mismo, siempre bailando (no le importa si esta en un café o en su casa) y tiene una sonrisa permanente. Su vida ha sufrido muchos obstáculos. Él no intenta esconder sus problemas y tampoco los glorifica para pintar una historia emotiva sobre un pobre tipo al que le regalaron una segunda oportunidad. Nunca nos pide que aplaudamos a Ligpot o a Pangaro por su generosidad, sólo nos pide que observemos ese retrato honesto y amorosoy que nos enamoremos, también nosotros, del poder de la música.
Se puede escuchar y ver a Moacir durante todo el mes de Febrero en el MALBA (los sábados a las 18 y los domingos a las 20 hs), el Gaumont o ArteCinema todos los días de este mes.





























































































































































