Por Omari Eccleston-Brown
Con seguridad Buenos Aires es uno de los lugares más interesantes para darse el lujo de experimentar una buena velada en el teatro, alguien viviendo en esta ciudad casi que no podría encontrar un lugar mejor en este último aspecto. El primer paso recomendado para él será hacer una corta visita a la sección ‘Espectáculos’ del diario La Nación en internet o también a las páginas alternativateatral.com y mundoteatral.com.arpara ver la excesiva cantidad de propuestas que se le presentan. En un pasado era muy común que en un primer avistaje de los espectáculos disponibles se le dibujara al potencial espectador una division muy clara en dos circuitos: el llamado “mainstream” y el denominado “alternativo”. El primero de estos circuitos tuvo por un largo tiempo su base en los teatros de la calle Corrientes mientras que un puñado de salas independientes del segundo circuíto mencionado se agrupan en la zona de Abasto y Almagro y también en la calle Corrientes configurando el circuíto denominado Off-Corrientes. Sin embargo: ¿Sigue siendo esta una division del pasado? ¿Por estos días los terminos “mainstrem” y “alternativo” siguen siendo útiles para diferenciar un tipo de producción de otro o su utilidad ha cesado para transformarse en prescindible? Porsupuesto que la única manera de averiguarlo fue viendo algunas obras.
La primer obra que decidí ver fue Bloqueo, la última de las puestas de Rafael Spregelburd, anteriormente rey de la escena underground de teatro en Buenos Aires que hizo actualmente su paso al “mainstream”. Spregelburd ha divulgado que su intención con Bloqueo fue la de escribir una obra sin una introducción ni una narrativa que en una última instancia descendieran a la pura dialéctica. Remitiéndonos a los hechos la obra efectivamente se ve muy extraña pero con sus elementos consistentes de farsa es también muy cómica. Acercándose por momentos al sin-sentido Spregelburd incorpora diálogos humorísticos muy filosos y bienpensados y diálogos cortos de una línea que asigna principalmente a Javier Doblas, que se diferencia notablemente en su actuación del guitarrista Abel.

En una última instancia quizá Bloqueo pretenda dejar muy en claro que no se disculpa en su rechazo a la “corriente y sentimental nostalgia”, como Spregelburd explica, el caos que queda delegado en el escenario es justificado como una transposición de la pesadilla experimentada por el personaje de César, el técnico de sonido que juega el papel de testigo aterrorizado de todo lo ocurrido en el mundo cerrado del resto de los personajes, siempre desde el interior de la cabina de sonido. Si algo hay para criticarle a la obra es su aparente falta de narrativa que en sí misma es encantaradora y de veras me obligó a adivinar muchas cosas.
La siguiente obra en mi lista fue El Ojo Del Panóptico que estaba en cartel en el megacomplejo Ciudad Cultural Konex, la obra tuvo varias y muy buenas críticas las cuales en general prestaron atención principalmente a su uso intensivo de nuevos medios. Es innegable que asistimos al avance de los multimedios en una forma cada vez más sencillamente viable y seductora en la representación del arte moderno en general. Sin embargo me pregunto si, a la luz de todo el afecto con el que estos avances han sido recibidos, el uso de recursos multimedia en muchos casos no se pasa de la línea y se transforma en un mero foco de atención para hacer las cosas más “cool” en su aspecto superficial. Al respecto encontramos la puesta de Ricardo III de Shakespeare, actualmente en cartel en el Espacio Giesso de San Telmo, la cual invita a abordar el mundo de este autor desde una nueva perspectiva en teoría totalmente basada en el uso de multimedia, sin embargo la siento un poco inconsistente en ese intento.

No hace falta decir entonces que entré a ver El Ojo del Panóptico con cierto escepticismo pero al final fui placenteramente sorprendido. Cuando la obra comienza una voz en off explica la teoría conceptual de la cual se desprende el título de la obra, concepto incialmente generado por Jeremy Bentham, un filósofo del siglo XVIII. Bentham describe el Panóptico como una prisión circular con una torre central de avistaje que permite mantener a los prisioneros en sus celdas con un miedo constante de estar siendo observados sin alternativa posible. El Ojo del Panóptico en una puesta en escena muy inteligente toma un ritmo cíclico que pasa por tres momentos: Miedo, Culpa y Dolor con el fin de poder imaginar esta intensa vigilancia que modifica internamente al prisionero, en la obra se produce un momento final y epifánico de autoconocimiento. A pesar de mis miedos iniciales la incorporación de multimedia en la producción de la obra fue un gran acierto. Una compleja trama de música y sonidos combinada con varias imágenes projectadas sobre la pared trasera fueron tejidas juntas para generar una sensasión absorbente y homogénea. Y el espacio cavernoso muy oscuro en el centro de la fábrica convertida que es en realidad el Konex no podría haber encajado mejor en esta producción tan oscura.
Mi última intención fue la de ver cómo la danza moderna encajaba en todo este mapa entonces elegí ir a ver Pura Cepa, una obra dirigida por Ana Frenkel, anteriormente parte de la aclamada compañía de danza El Descueve. La obra arranca con una mujer sola borracha tambaleándose en el escenario mientras que una voz masculina separada en primera instancia de tal situación reproduce la voz de sus pensamientos, haciéndonos saber que ella está esperando a su ex-novio, y que se encuentra bastante confundida y agitada por su inminente llegada. Luego ella se desploma en el piso y se queda dormida entonces somos conducidos a sus sueños. La obra luego transita por diferentes situaciones que parecen en un principio desconectadas entre sí. Sin embargo a medida que transcurre la obra una historia muy coherente comienza a emerger y es una verdadera revelación. Uno se da cuenta de que la obra es una novela adaptada al sentido común y a la psicología pop al mejor estilo del libro de John Gray Men is from Mars, Women are from Venus condensada en un espectáculo de danza contemporánea sin diálogos. La diversidad que Frenkel incorpora en cada una de las situaciones que conforman la obra es de una excelencia pocas veces vista y toda la obra es muy disfrutable, divertida y además una refrescante reflección sobre la vida.






























































































































































