por Stephanie Hartka
tranducido por Christine-Marie Andrieu
En Buenos Aires existe un mundo paralelo al cual tanto los porteños como los turistas temen acercarse. Pero no el cineasta norteamericano Reed Purvis, quien abordó sin miedo las calles de la Villa 31 - una de las más infames y temidas de Buenos Aires. Armado de una cámara, estaba decidido a hacer una película que él cree ayudará a revertir los increíblemente rígidos estigmas y la discriminación contra los habitantes del barrio bajo por parte de los medios y la mayoría de los Argentinos. “El punto de vista establecido es que gran parte de ellos [los habitantes de la Villa 31] son criminales y ladrones”, dijo Purvis en una entrevista reciente, “cuando en realidad el 90% son personas normales y laboriosas que trabajan de soldadores, carpinteros, electricistas, pintores, colectiveros, etc. en Capital Federal”.
La película, llamada “Villa del sueño”, sigue las vidas de tres familias residentes con las que Purvis se encontró. Un ex guardia de seguridad que opera una emisora de radio desde la casa, una numerosa familia de inmigrantes que dejó atrás su granja en el Paraguay y una banda de criminales que subsiste de actividades ilegales. Al registrar íntimamente las vidas de tres familias diversas, el film de Purvis mira el clasismo Argentino a través de una lupa, forzándonos a entrar en y examinar una parte de Buenos Aires a la que se suele ignorar. El film agrega una nueva dimensión a nuestra percepción de la Villa, enfocando no solamente el lado oscuro de la actividad pandillera pero también momentos calidos y amistosos vividos en familia.

Geográficamente codeándose con Retiro y Recoleta -dos de los barrios más pudientes de Buenos Aires-, la Villa 31 yace entre vías de tren y una autopista que atraviesa la ciudad en expansión. Alberga una población que habita estructuras precarias y deterioradas de cuatro a cinco pisos, la mayoría sin servicios básicos como agua y electricidad. En las palabras de Purvis, ingresar a la Villa 31 es como entrar en otro mundo: “En los 10 segundos que tardas en cruzar la calle que rodea la estación de Omnibus, es como si te fueras de la Argentina”. No es ninguna sorpresa si consideramos que la gran mayoría de los 30,000-80,000 (cifra en constante aumento) habitantes son inmigrantes que dejaron atrás sus países de origen tales como Perú, Paraguay o Bolivia para a duras penas ganarse la vida en las calles de Buenos Aires.
Como un vasto agujero negro constantemente esquivado, Purvis no sólo vio a la Villa 31 como un festín para los ojos sino también señaló que no sabe “cómo alguien puede mirar algo así y no querer pasar y explorarlo y conocer gente. Especialmente cuando todos te dicen que no podes entrar, que te van a robar, secuestrar o disparar”.
Y ¿cómo fue que un entrometido extranjero rubio de ojos celestes se involucró con una villa? Cuando le preguntamos, respondió que primero se encontró “con un cartonero de Barracas que conocía un par de personas en la Villa 31, entonces un día me llevó y conocí a la gente de 88.1FM, una estación de radio que hay adentro de la villa. Luego conocí otras personas y terminé haciendo muchos amigos y pasando mucho tiempo ahí”.

Luego de cultivar algunas relaciones cercanas, Purvis entendió que había encontrado un tesoro en cuanto a material fílmico. “Lleva mucho tiempo hacer amigos y resolver exactamente qué querés contar, hay muchas historias y cosas interesantes adentro de las villas. Aún las simples historias de gente que vino desde Paraguay, Bolivia y Perú suelen contener relatos y experiencias de travesías y vidas muy difíciles, vienen de lugares que hacen a la villa parecer un barrio opulento”. Y si bien la mayoría de los residentes de la Villa inicialmente se mudaron ahí porque no podían pagar otra cosa, uno de los amigos de Purvis la elige para vivir no por dificultades económicas pero simplemente porque es “más divertido, la gente está más cerca y pasa más tiempo con su familia”.
Claramente la misión de Purvis es transmitir que más allá de las glamorosas calles de Recoleta, hay un barrio muy animado con gente de buen corazón que, por más pobres que sean, disfrutan un estilo de vida humilde con estrechos vínculos familiares y comunitarios y además son increíblemente generosos, aún cuando tienen poco y nada para dar. Contó que si bien su amigo Tony “recién había salido de la cárcel y se le estaba haciendo difícil sobrevivir, cada vez que visitaba su casa de familia (tenía tres hijos), siempre preguntaban si tenía hambre, si quería comida o algo para beber. No era simplemente un gesto, a veces se hacía difícil decirles que no”.

Muchos supondrán que recorrer los bares y restaurantes de una villa es un acto suicida, pero Purvis comparte que la Villa 31 ostenta las mejores empanadas en toda la ciudad al igual que la Sopa de Maní y una variedad de restaurantes Bolivianos y Peruanos. Sin embargo, Purvis no es el único que sabe de los manjares ocultos en las calles de la Villa 31. Las estrellas del Travel Channel Anthony Bourdain y Andrew Zimmern fueron vistos en el bullicioso mercado, degustando comidas locales para futuras emisiones, si bien se mantuvieron cerca de los límites de la villa. No es ninguna sorpresa, la verdad, ya que andar con equipos caros por cualquier gueto transforma a uno en blanco fácil y para decirlo simplemente, es tener poca calle. La gente podrá tener un buen corazón y será bastante humilde pero la villa sigue siendo una villa, las condiciones son extremas y la gente tiene hambre. Purvis explica que “siempre que entré con una cámara, tuve que asegurarme de estar con un amigo que vivía ahí. Las villas no son tan peligrosas como la gente piensa, pero si llevas algo valioso, existe el riesgo de que te roben”.
Ciertamente llevará tiempo para que personas tan marginalizadas se integren más con el resto de la sociedad Argentina o para que se dé un reconocimiento positivo y aproximación desde el entorno. Mientras tanto, los habitantes de la Villa 31 continuarán disfrutando de los bares que arman en sus casas, de los partidos de fútbol, del mate y del ritmo constante de la cumbia siempre presente, fluyendo a plena potencia desde casi todos los hogares, confirmando un sentimiento sincero de LatinoAmericanismo en el corazón de la ciudad.
Con una mezcla de orígenes diversos y relatos de la llegada a Buenos Aires que vale la pena oír, una meta común entre los habitantes de la villa es desesperadamente clara: sufrir aunque sea un poco menos.

El film de Purvis se estrenará pronto. Mientras tanto, podes ver el trailer de Villa del Sueño y formar tus propias opiniones.





























































































































































